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11/6/10

BARBAROS: PROFANAN RESTOS DE LEANDRO GOMEZ

PROFANACION A RESTOS DE
LEANDRO GOMEZ



2da. PARTE
HALLAZGO. EN PLENO CENTRO DE PAYSANDÚ, AYER A LAS 3.00 AM DE LA MAÑANA SE ENCONTRÓ RESTOS ÓSEOS PERTENECIENTES A LEANDRO GÓMEZ

LA REPUBLICA entregó ayer los restos óseos al director nacional de policía, Julio Guarteche
Seis piezas óseas, presuntamente pertenecientes a restos del "Benemérito de la Patria", el coronel mayor don Leandro Gómez, jefe militar y mártir de la heroica Paysandú, ascendido al grado de general, post morten, fueron entregados en la madrugada de ayer en la capital sanducera al diario LA REPUBLICA, por los presuntos profanadores de su monumento mortuorio.


 




Las seis piezas óseas que incluían una vértebra dorsal, una cervical y el atlas, así como un hueso húmero, un ilíaco y una tibia, fueron depositadas, envueltas en una bolsa de nailon y recubiertas en papel de diarios, en la calle Solís, esquina Zorrilla de San Martín, en un gran tacho azul circular de residuos, en el centro de Paysandú.

 
La fuente plenamente identificada por LA REPUBLICA, que habló con el director de LA REPUBLICA, Federico Fasano Mertens y el editor de nuestro diario, Marcelo Falca, para posibilitar la recuperación de los restos del héroe nacional, lo hizo bajo el acuerdo de confidencialidad de su identidad, hecho que aseguró nuestro diario dado el objetivo superior planteado.
Es la misma fuente, cuyas informaciones en proceso, dieron lugar a la denuncia del diario plural del jueves 4 de marzo, dando cuenta de los detalles, móviles y presuntos participantes del secuestro y vilipendio de los restos de quien con un reducido grupo de soldados, resistiera durante dos meses, el ataque combinado de las fuerzas rebeldes de Venancio Flores apoyadas por una poderosa escuadra brasileña y tropas unitarias argentinas de tierra, muy superiores en número y poder de fuego, escribiendo una de las gestas épicas más conmovedoras de la historia patria.

 
Conocida la denuncia y obtenidas las fotos de los presuntos restos, así como del candado de la urna y un trozo de madera de la misma, LA REPUBLICA procedió a dar a conocer la noticia a la opinión pública con el fin de instalarla en el orden del día nacional para que se reanudara con bríos, la búsqueda de los restos de una parte traumática de nuestra historia.
De inmediato y como una forma de colaborar con las autoridades para el esclarecimiento del caso que conmocionó a Paysandú y a nuestra capital, el director del diario, Federico Fasano, puso en conocimiento del ministro del Interior, Eduardo Bonomi y del fiscal de Corte, Rafael Ubiría, todos los detalles en poder de nuestro matutino, preservando la identidad del informante, quien nunca pidió dinero alguno por sus informes y que, según nos afirmó, sólo perseguía el objetivo de recuperación de los restos y el castigo de los promotores y autores intelectuales y logísticos de esta macabra operación delictiva.

 
El Dr. Fasano también se reunió de inmediato con el titular del Juzgado Especial, con jurisdicción nacional, Jorge Díaz, quien se interesó en el caso, pero declinó competencia al indicar que este tipo de delitos no entraba dentro de la competencia de los dos juzgados especiales recientemente creados y tras averiguar que ya había comenzado a actuar el Juzgado Penal de 4º Turno de Paysandú, a cargo del juez Pablo D'Alera, actuando por el Ministerio Público el fiscal Pablo Rivas.

 
Fasano también se reunió con el director de la Secretaría Nacional de Antilavados de activos, Cr. Ricardo Gil Iribarne, para consultarlo sobre la figura del "pentiti", el colaborador, figura recientemente incorporada a nuestro corpus jurídico, pero sólo para ciertos delitos, que no son precisamente los cometidos en este hurto de restos óseos, del mausoleo erigido en honor del héroe de "La Defensa".

Todas las autoridades informadas y consultadas, respetando el secreto profesional de los periodistas de LA REPUBLICA, y la identidad de la fuente clave del suceso, actuaron con suma diligencia e investigación, tratando de juntar los dispersos elementos de este singular rompecabezas.
Enterados, recién el día de ayer, por una citación judicial, de la existencia de una indagatoria en el Juzgado Penal de 4º Turno de Paysandú, la dirección del diario decidió poner en conocimiento de la sede, todos los elementos que con anterioridad habían sido revelados a las autoridades con jurisdicción nacional.
EL HALLAZGO DE LAS 6 PIEZAS ÓSEAS
En la decena de oportunidades en que el editor de la sección Política, Marcelo Falca, se comunicó con la fuente clave de este caso, así como el contacto que el director de LA REPUBLICA, Federico Fasano Mertens, mantuvo con la misma persona, se insistió en la necesidad de persuadir a los autores materiales, de devolver la totalidad de los restos secuestrados, así como de entregarse a las autoridades, con la atenuante de la devolución de lo sustraído y la revelación de los autores intelectuales y logísticos de la repugnante operación.

 
También exigió nuestro director, simultáneamente, la entrega de mayores elementos probatorios de la existencia de los presuntos restos del héroe nacional, en poder de los autores materiales del delito.
Finalmente, en la madrugada de ayer, nuestra fuente nos informó que nos iban a entregar una parte de los restos de Leandro Gómez, pero que la entrega no se realizaría en Montevideo, sino en la ciudad de Paysandú.
Posteriormente se señaló el lugar exacto donde los restos serían depositados, en pleno centro de la ciudad.

 
Fasano dispuso dos operativos simultáneos. Uno con asiento en la misma Paysandú que procedería a retirar los restos y a trasladarlos a la ciudad de Young, donde otro grupo los recogería en un auto que salió de inmediato desde Montevideo hacia esa ciudad.
El primer intento de recoger los restos en la medianoche falló, porque las personas designadas para ir a buscarlos, no los encontraron. Sólo hallaron muchas bolsas de basura en ese tacho y nada de restos. A eso se sumaba que el lugar elegido por los delincuentes para dejar los restos de una gloria nacional, era un lugar concurrido, a la vista de toda la gente, que dado el calor aún de esa noche, había sacado sus sillas a la vereda haciendo aún más dificultoso el hallazgo.

 
Volvimos a comunicarnos con nuestra fuente explicándole que ningún resto óseo existía en ese depósito en la vía pública. La fuente insistió en que los restos fueron allí depositados y que lo que podía haber ocurrido era que se encontraban en el fondo del recipiente ya que cuando los depositaron no había ningún otro elemento en ese recipiente, que con el transcurso de las horas se había llenado, impidiendo una fácil detección.

 
El segundo intento resultó exitoso. En el fondo del recipiente, envueltos en una bolsa de nailon y dentro de ellas, acomodados en papel de diario pertenecientes al periódico "El Telégrafo", aparecieron seis paquetes, cada uno conteniendo las seis piezas óseas, que afirman los autores haber sustraído del monumento al General Leandro Gómez.
Con los restos en su poder el primer grupo se trasladó con los restos hacia Young, donde se encontraría con el segundo grupo que ya había salido de Montevideo. El encuentro se produjo sin inconvenientes y a las 7 de la mañana, ya las 6 piezas óseas se encontraban en nuestra capital.

Dos horas después Fasano recibía formalmente en la redacción de LA REPUBLICA, las piezas óseas y se comunicaba con el Fiscal de Corte para decidir la autoridad a la que serían entregadas, ya que entendió que no podía retenerlas un día más en su poder. Recién hoy se encontraría con el juez penal de Paysandú, al que dada las altas horas de la madrugada en que se encontraron los restos, no podía despertárselo para hacerle entrega de los mismos y el personal que los halló poseía precisas instrucciones de no retenerlos sino de entregarlos al director de nuestro diario, quien se haría, como corresponde, responsable de toda la operación que él organizó y mandató.


 
Fasano, con las 6 piezas en su poder, acompañado con el editor de Política, Marcelo Falca, se entrevistó con el fiscal de Corte, Rafael Ubiría, quien explicó que no podía recibirlos en virtud de no autorizarlo los reglamentos que rigen la actuación de los fiscales, en el actual sistema penal. Colaboró como lo hizo durante estos días y sugirió que debíamos entregarlo al Ministerio del Interior.

 
Fasano, con el asesoramiento del abogado penalista, Gonzalo Fernández, se comunicó con el ministro Bonomi, que se encontraba en la ciudad de Maldonado, por razones de su cartera. Este habló con el director de la Policía Nacional, inspector principal, Julio César Guarteche, que se encontraba en la ciudad de Treinta y Tres, quien retornó a Montevideo, para recibir los presuntos restos del héroe de Paysandú.
En horas de la tarde, en la sede de la Policía Nacional, se labró el acta respectiva de la entrega de los restos, firmada por el director de LA REPUBLICA, el editor de Política y el propio director de la Policía Nacional.

FUENTE: LA REPUBLICA

NOTA DE REDACCION
QUE SE INVESTIGUE
HASTA EL HUESO



1ERA. PARTE
PROFANADORES. ACEPTARON REVELAR DETALLES DEL OPERATIVO; EXIGEN GARANTÍAS POR ENTREGA DE PRUEBAS A LA JUSTICIA

Dos de los autores del robo de los restos del general Leandro Gómez afirman que actuaron por encargo de un político blanco.

Dos individuos, que formaron parte del grupo que sustrajo en noviembre pasado los restos óseos del general Leandro Gómez del mausoleo donde yacían, afirman que actuaron "por encargo" de un político del Partido Nacional, a cambio de una importante suma de dinero
-200 mil dólares- que al final no se pagó.
Marcelo Falca 











Según supo LA REPUBLICA, el "trabajo" se realizó el 18 de noviembre a las 3.30 horas de la madrugada y fue comandado por un capitán retirado del Ejército.
Perseguía -según explicaron- un fin político, a diez días del balotaje entre los candidatos José Mujica y Luis Alberto Lacalle: "dejar mal parado a Pintos" y afectar la chance del Frente Amplio con un hecho de fuerte impacto en la opinión pública en un departamento gobernado por la izquierda.


La noticia del robo, sin embargo, pasó casi desapercibida debido al impacto de otro hecho de gravedad inusitada que estalló en ese momento -las inundaciones y sus lamentables secuelas- y el "operativo se frustró".
El robo a su vez no fue vinculado a las elecciones por ningún grupo político, ni siquiera por la propia izquierda.




Las informaciones primarias referían a un llamativo hecho vandálico aunque señalaban que ninguno de los objetos históricos que componen el Museo de la Defensa, que comparte el lugar con la urna de Leandro Gómez, habían sido tocados.
Los profanadores habían ido directamente a la urna que ocupa el lugar central del panteón y retiraron las dos tapas, una de madera y otra de chapa, que fueron encontradas en el suelo.
El hecho movilizó a los sanduceros y reavivó la versión según la cual los restos del general nunca habían llegado a Paysandú.




El robo fue advertido a la mañana siguiente por el cuidador de la plaza, que cuando llegó sobre la hora 7 se encontró con la puerta rota y la urna abierta.


El mausoleo del general Leandro Gómez se encuentra ubicado en el centro de la Plaza Constitución, símbolo de la resistencia al sitio de Venancio Flores, entre octubre de 1864 y el 2 de enero de 1865, día en que fue fusilado junto a otros jefes, frente a la emblemática "Basílica Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo", edificio que fue testigo de la batalla en la Defensa de Paysandú.




La urna que contenía sus restos está dentro de una vitrina en el subsuelo, en cuya superficie se yergue una impresionante estatua del caudillo blanco.
El público puede acceder al lugar bajando varios escalones y allí además del osario también se encuentran documentos y otros elementos de la época que recuerdan la sangrienta batalla.

"DEJAR MAL PARADO A PINTOS"
LA REPUBLICA pudo acceder al testimonio de dos de los profanadores, a través de un emisario conocido, que aún mantienen en su poder los restos del héroe sanducero, así como supuestas grabaciones y otros elementos para probar sus dichos.
Además de los restos, el grupo integrado por al menos tres personas se llevó del lugar el candado de una de las rejas de acceso al mausoleo en la Plaza Constitución que no presenta señales de haber sido forzado  y un trozo de madera labrada que habría sido encontrada en el interior de la urna. 




Los dos individuos, cuya identidad no fue revelada, hicieron llegar a LA REPUBLICA varias fotografías de los restos envueltos en un pabellón nacional, y de los otros objetos, y aceptaron responder a algunas interrogantes sobre el truculento episodio.

¿Cuándo se hizo el operativo y por qué?
 
-Se hizo el 18 de noviembre en la madrugada, a las 3.30 de la mañana, en ese momento había tormenta de lluvia y viento.

El ¿por qué?

Porque dejaba muy mal parada a la administración de Julio Pintos con el robo. No nos olvidemos que el 2 de enero del 2011 es el bicentenario del nacimiento del Gral. Leandro Gómez.

¿También perseguían un objetivo económico?
El objetivo era para las personas que lo hicieron, económico, 200 mil dólares, para el que contrató o solicitó el trabajo era económico y político.
Económico porque tenía que justificar una plata que había gastado esta persona (da el nombre de la persona, un legislador del Partido Nacional).
Hacía correr la pelota que se pedía un rescate y él lo pagaba, cubría la plata que había gastado y quedaba como un héroe y así podía recomponer su carrera política.
¿Qué pasó?
Se frustró porque no tomó el estado público que se esperaba. Debido a la emergencia departamental de las inundaciones quedó en tercer plano.
Es de ahí que no pagó el trabajo e incluso cuando se le preguntó qué hacían con los restos manifestó: ¡y yo que sé, tírenlos!
¿Cómo se efectuó el robo de los restos?
El operativo fue un trabajo de inteligencia llevado a cabo desde octubre con controles de vigilantes, entrada, salida, control de supervisores y control del placero.

Llamadas telefónicas falsas al 911 a ver cuánto demoraban en arribar a las inmediaciones. Cuando se tuvo la certeza que entre las 00 hasta las las 07 horas quedaba sin vigilancia ninguna, se decidió que fuera en la madrugada del 14 de noviembre fecha que jugaba Uruguay por eliminatorias, cosa que no pudo ser porque se estaba festejando un cumpleaños a escasos metros por calle Florida y había mucha gente y autos en el lu
gar, inclusive gente en la plaza.


Después de varias idas y venidas se decidió que fuera hecho el próximo día que jugara Uruguay que era el 17 de noviembre. Tampoco se pudo hacer porque fue muy temprano así que se plantó una vigilancia en el lugar ya que había tormenta de lluvia y viento y se decidió hacerlo a la 3.30 de la madrugada del 18 de noviembre.
¿Qué significa el pabellón nacional?

También estaban en el lugar el candado y el trozo de madera?


El pabellón nacional fue puesto por su condición de héroe nacional, el candado es el de la reja principal del mausoleo, esto se puede constatar con las llaves que tiene la Intendencia en su poder que abre el mismo, la madera con el labrado estaba entre los restos, la autenticidad de los restos se pueden demostrar por la antigüedad de los mismos y con los restos que se dejaron en la urna; los mismos están tratados con un producto que podría ser gamesán.
Se dejaron restos para que se cotejaran si era necesario.
¿Cómo se ingresó al lugar?
Al lugar se ingresó con llaves apropiadas proporcionadas por (da el mismo nombre del legislador del Partido Nacional), los restos se encontraban en una urna de madera la cual tiene una tapa arriba.
Se retiró la tapa y adentro de esa urna hay una caja de acero inoxidable cuadrada como un cubo de aproximadamente 40cm, la misma tiene una tapa con bordes hacia abajo como una caja de zapatos. Se retiró y ahí recién estaban los restos.
Hoy por hoy, ¿dónde están los restos?
Los restos en esta fecha están fuera del departamento de Paysandú.
¿Están dispuestos a devolverlos? ¿Qué van a hacer con ellos?

Estamos dispuestos a entregar los restos sin pedir dinero alguno. Pero para que no haya confusiones, los restos van con las grabaciones y por las grabaciones sí pedimos un resarcimiento económico, por lo que probarían dichas grabaciones y los gastos que insumió llevarlas a cabo.
¿De qué grabaciones habla?
Hay grabaciones y tarjetas telefónicas que prueban que hay como mínimo un dirigente del Partido Nacional implicado y otras grabaciones que prueban que otro alto dirigente nacionalista está en conocimiento de todos los hechos desde el mes de diciembre y nunca, y digo nunca, hizo nada al respecto.
El mismo podría haber denunciado o pedido que se investigara lo que oportunamente se le puso en conocimiento.


¿Está dispuesto a declarar ante la Justicia?
Sí, llegado el momento sí, estamos dispuestos a declarar ante la Justicia con identidad reservada y algo similar a la protección al testigo.
"PLATA EN MANO, CULO EN TIERRA"


Lo que sigue es la transcripción de una conversación telefónica obtenida por uno de los profanadores, a quien se llama "Fulano", con quien encargó el trabajo, a quien se identifica con la inicial "X", previo al rompimiento del presunto acuerdo.
Fulano: Hola, sí, ¿con X por favor?
X: ¿ De parte?

Fulano: De amigos de la infancia
X: "El habla, lo escucho"

Fulano: X, ya tenemos los restos del general, ya está el trabajo.

X: Ok, ok, ya me enteré en la mañana. Sea breve, no son muy seguros estos medios

Fulano: Ok

X: ¿Cuándo me hago de los restos?

Fulano: ¿Ya tiene el dinero?

X: No, todavía no. En la semana estaría solucionado el tema del dinero.

Fulano: Ok, habíamos quedado que cuando se le entregaran los restos del general tenía que tener el dinero. Usted sabe como es esto, plata en mano culo en tierra

X: Bueno, bueno déme una semana a ver como evoluciona esto; llámeme el lunes a mi celular después de las 15 horas.

Fulano: Ok, lo llamamos el lunes

X: Bueno

FUENTE: LA REPUBLICA 


LA VERACIDAD DE LA NOTICIA
SE IRA VIENDO CON EL TIEMPO

¿LA VERDAD ?
SERÍA VERGONZOZO


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9/6/10

BARBAROS: LEY DE IMPUNIDAD



CARTA ABIERTA AL PARLAMENTO DE URUGUAY EXIGIENDO LA ANULACIÓN DE LA LEY 15.848


Un conjunto de vecinas y vecinos que somos parte del larguísimo millón de ciudadanos que ha expresado de manera sistemática y creciente, y por diversos medios, el rechazo indeclinable a la Ley 15.848 “de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado”, nos presentamos ante el cuerpo legislativo nacional para demandar que éste asuma, sin más dilatorias, la responsabilidad funcional que le compete ante el caso extremo de impedimento impuesto al Poder Judicial, desde hace más de 20 años, de actuar ante gravísimos delitos de lesa humanidad cometidos por el Estado uruguayo, al amparo de esta “ley” que sabiamente nuestro pueblo ha bautizado como “LEY DE IMPUNIDAD” y que viola los convenios internacionales suscritos por Uruguay sobre el juicio y castigo a estos delitos a escala mundial.
Nos presentamos para exigir del Parlamento, LA ANULACIÓN YA DE LA LEY 15.848, sin posteriores “indultos” ni “excepcionalidades” que supongan eximir a los criminales del juicio y castigo merecidos.
El último pronunciamiento público del 25 de Octubre de 2009 en el sentido de anular la “ley”, deja en evidencia que -más allá de formalidades, procedimientos electorales cuestionables y la falta de difusión pública de fundamentos para la nulidad- en 20 años no han sido depuestos ni el anhelo ni el clamor populares de Verdad y Justicia, ni tampoco el categórico rechazo a que sea el mismo Estado violador de los Derechos Humanos el que pretenda –a través del Poder Ejecutivo- disponer quiénes, cuándo y cómo deben ser juzgados y castigados por la única institución que se supone debe hacer cumplir la premisa de que “todos somos iguales ante la ley”, sin excepciones ni favoritismos.
Un solo hecho habla por sí mismo de cómo debe proceder la Justicia cuando no es sometida a la presión de otros poderes o cuando otros poderes pretenden autoatribuirse las potestades de aquella: el principal responsable político de violar la Constitución de la República en 1973 y co-responsable ideológico de aberrantes crímenes de lesa humanidad, un ex presidente y dictador, ha sido condenado –aunque más no sea tardíamente- por funcionarios del Poder Judicial que no cedieron ni al amedrentamiento ni a la presión de otros funcionarios públicos, partidos políticos o instituciones oficiales.
Juan María Bordaberry, procesado y condenado por golpista y por asesino, es la medida de cúanto se ha impedido en 20 años desconociéndose la independencia y las atribuciones del Poder Judicial, y cuánto nos hubiésemos ahorrado en riesgos de seguridad ciudadana y nuevas amenazas golpistas, de haberse hecho caso al clamor y la voluntad populares de Verdad y Justicia, dejándose actuar debidamente al Poder Judicial dentro de los marcos y las reglas de juego instituídos por el mismo Estado que hoy las desconoce.
La realidad rompe los ojos y no caben ya las medias tintas:
O el Poder Legislativo, atendiendo a la sensibilidad ciudadana y respetuoso de las normas de justicia de carácter nacional e internacional, ANULA YA MISMO LA LEY DE IMPUNIDAD sin dejarse influir por presiones en busca de “indultos” o “perdón”, o nuestro pueblo no tendrá más remedio que concluir que la salvaguarda de los Derechos Humanos, para defenderse por sí y ante sí, quedaría necesariamente y exclusivamente, bajo su única responsabilidad.
Esta sería la conclusión lógica ante la pasividad del Parlamento y esta misma pasividad evidenciaría la existencia de “pactos” o “conjuras” que pretenden garantizar de por vida salvoconductos de impunidad “selectiva”, tan graves y delicados respecto al pasado, como lo serían también respecto al presente y el futuro.
A diario se revelan crudamente las incontables formas de la impunidad (la de la discriminación y criminalización de la pobreza; la de la omnipotencia y los vejámenes patronales; la de los represores que provocan situaciones trágicas en nombre de “la ley y el orden”; la de agentes que existirían para garantizar la seguridad ciudadana y sin embargo son responsables de horrendos crímenes, robos y secuestros; hasta la impunidad de medidas político-económicas de cuyos perjuicios sociales nadie se hace cargo, siendo un muy buen ejemplo de ello la “deuda externa”), pero no esperamos el “imposible” de que este Parlamento las elimine, sino simplemente que no consagre las formas extremas de la impunidad, consagrando “leyes” que habilitan el terrorismo de Estado y la protección de quienes lo practican.
Lo único que estamos exigiendo –en síntesis-, enérgica y responsablemente, es que se deje actuar libremente al Poder Judicial en cuanto a los cientos y cientos de casos de individuos que siguen siendo un peligro social y cuya situación de amparo y protección, representa de hecho un aliciente para la acción de nuevos y más feroces enemigos del pueblo, con uniforme o sin él, en “democracia” o en “dictadura”.

No hacerlo, es declarar irresponsablemente la impunidad como atributo “legal” de los poderosos y privilegiados hasta en las situaciones más aberrantes y anti humanas.
Lo que sencillamente exigimos de senadores y diputados elegidos para “representarnos”, es que no sean cómplices de hecho de la impunidad extrema:
QUE YA MISMO NOS “REPRESENTEN” AL MENOS CUMPLIENDO ESTRICTAMENTE CON SU DEBER DE ANULAR YA LA LEY 15.848, PONIENDO FRENO A CUALQUIER MANIOBRA QUE SIGNIFIQUE PERDONAR, INDULTAR O PRIVILEGIAR A LOS ASESINOS DEL PUEBLO, Y QUE PRESERVE A NUESTRO PAÍS DE EVENTUALES SANCIONES DEVENIDAS DEL INCUMPLIMIENTO DE NORMAS Y CONVENIOS INTERNACIONALES SUSCRITOS POR EL URUGUAY.
A la espera de que los legisladores respondan ya mismo con hechos a la presente demanda y manteniéndonos atentos a la conducta parlamentaria sobre el particular,
Firma: Coordinación de Vecinos por la Anulación de la Ley de Impunidad, abril de 2010.
RESISTIR LA IMPUNIDAD
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6/6/10

BARBAROS: SEGUNDO VUELO

SEGUNDO VUELO




María Emilia Islas estaba embarazada cuando fue trasladada desde Orletti en Argentina a Uruguay en 1976.

Mariana Zaffaroni podría
tener un hermano o hermana sobreviviente.
María Emilia Islas de
Zaffaroni, madre de la niña Mariana Zaffaroni, cuando fue trasladada a Uruguay desde Orletti en Argentina, estaba embarazada. El último rastro que existe sobre este aspecto son unas
declaraciones del liberado Alvaro Nores.Víctor Carrato

Mariana Zaffaroni. r
ecuperó su identidad y ahora lucha por recuperar
a un hermano o una hermana.
El represor Manuel
Cordero le dice a Nores, en la sede del SID de Bulevar Artigar y Palmar en diciembre de 1976, que iban a dejar a María Emilia Isla Gatti de Zaffaroni viva porque era
muy bonita y estaba embarazada.
Para que María Emilia Islas de Zaffaroni hubiera tenido a su hijo o hija, debería haber sobrevivido hasta marzo de 1977. Mariana Zaffaroni -tenía un año y medio cuando sucedieron estos hechos- busca a su
hermana o hermano decididamente y su padre captor fue detenido y procesado en Buenos Aires.
Este
miércoles fiscales argentinos vendrán a tomar declaraciones en
Montevideo, incluyendo a miembros del cuerpo diplomático uruguayo,
entre ellos el ex embajador uruguayo en el Líbano Alberto Voss Rubio. No se descarta que también interroguen
a algún militar actualmente detenido en la Cárcel Especial de Domingo Arena.
El juez
federal Daniel Rafecas ordenó la detención de Miguel Furci, ex agente de la SIDE, y le imputó su participación en 70 casos de secuestros y torturas cometidos bajo
la dictadura argentina. Furci fue indagado y "reconoció la existencia"
del centro clandestino Automotores Orletti. Furci era conocido como "el
enfardador" de Orletti por su facilidad para hacer paquetes con los muertos, entre los cuales habría estado el hijo del poeta Juan Gelman. El "enfardador" es licenciado en ciencias
políticas.

No existen
fotos de estos represores, salvo una que es producto de "sus
buchoneadas" de otros represores a los cuales delató.
El juicio oral y público por los hechos de Orletti comenzará el 3 de junio.
Un ex agente de la SIDE que actuó en el centro clandestino de detención
Automotores Orletti fue detenido en el marco de la investigación de los
crímenes de lesa humanidad cometidos bajo la órbita del Primer
Cuerpo de Ejército durante la última
dictadura militar. Se trata de Miguel Angel Furci, un ex "agente orgánico y
miembro de la custodia permanente" de la jefatura de la SIDE, a quien el juez federal Daniel Rafecas le imputó
su participación en alrededor de siete
decenas de secuestros y torturas de prisioneros en Orletti. Furci, por distintas razones había quedado
afuera de las investigaciones, cuenta
un testigo de la causa de Orletti a LA REPUBLICA.
Miguel Furci es un agente que lleva cuarenta años trabajando en la Inteligencia argentina, con un sueldo de U$S 5.000 mensuales, pagados por fondos reservados en el vecino
país, es adscrito o adjunto a la dirección de la SIDE y persona de
confianza de Jaime Stiusso, director de la SIDE.

En los años 86-87 se convirtió en el apropiador de Mariana Zaffaroni. Se
hace un análisis de ADN y se comprueba que Mariana Zaffaroni es la niña apoderada por Furci.
Negocia con el presidente Alfonsín la
entrega de un represor de alto nivel, que es Guglielminetti, que siendo jefe de la custodia presidencial de Alfonsín, realiza un secuestro extorsivo a un particular y se fuga a España.
Posteriormente Furci aparece en Paraguay, donde trabaja para la
SIDE, deteniendo a Mariana Zaffaroni, con la identidad cambiada de Romina Furci y trabaja en Paraguay para la SIDE.
Furci detecta a su colega torturador Guglielminetti y lo entrega, al igual que otros dos represores.
Furci es detectado en Paraguay y es
extraditado a la Argentina. Furci declara que el represor uruguayo
José Nino Gavazzo es el responsable de la entrega de Mariana Zaffaroni. También, Furci es la primera persona
que declara sobre las pistas del segundo vuelo de presos políticos hacia Uruguay. El declara que María Emilia Islas de Zaffaroni le entrega a
Mariana en la escalerilla del avión, al punto de ser trasladada en el segundo
vuelo a Montevideo y donde supuestamente le dice que "se la cuide bien".

María Emilia Islas
de Zaffaroni estaba
encapuchada, esposada y a punto de ser trasladada en el segundo vuelo de la muerte de Buenos Aires a Montevideo, donde todos serían ejecutados posteriormente en el
Servicio de Información y Defensa (SID) en la sede de Bulevar Artigas y
Palmar.
Estando en Paraguay comienza en 1992, un proceso de extradición de Furci, a través del cual se traslada al represor a la Argentina y se le
restituye la identidad a Mariana Zaffaroni. La joven sigue viviendo con
sus captores y padres apócrifos y un año después Furci es condenado a siete años por el secuestro de
Mariana Zaffaroni, pero es amnistiado por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida decretadas por el
gobierno de Carlos Ménem.
Furci escapa a los reconocimientos
fotográficos y muchos de los represores argentinos de la SIDE y de Orletti no presentan fotografías que permitan identificarlos.
Hay varios represores argentinos actualmente encarcelados como Raúl
Guglielminetti, quien actuaba bajo el apodo "Guastavino" y era personal de Inteligencia del Ejército, y Eduardo
Alfredo Ruffo, alias Capitán o Zapato, entre otros.
También se sentarán en el banquillo de los acusados Honorio Carlos
Martínez Ruiz, otro ex SIDE, quien actuaba en Orletti con el apodo
Pájaro o Pajarovich, y el comodoro de la Fuerza Aérea Néstor Horacio
Guillamondegui, quien se desempeñaba como jefe de la División
Operaciones Tácticas I de la SIDE.

Completan la
nómina de represores
que deberán afrontar ese juicio oral y público el coronel del Ejército Rubén Víctor Visuara, quien sucedió en su
cargo a Guillamondegui, y el general de División del Ejército Eduardo
Rodolfo Cabanillas, que se desempeñó como jefe de la División de la SIDE Operaciones Tácticas 18.

Durante el
gobierno de Néstor Kirchner se anulan los indultos de Ménem y se le da paso a la justicia.
En los años 2005-2006 se encarcelan a varios represores de la época de la dictadura argentina y continúa la causa a nivel judicial.
Furci y otros represores pertenecían a la SIDE orgánicamente pero operaban con la banda de Gordon, que después
del golpe de Estado en Argentina, formaron una banda que era la Triple A, organizada entre otros por el general Paladino, operando como rateros comunes, actuando con la Unión Obrera Metalúrgica de la CGT,
una organización peronista, que actuaba con asesinatos en busca de botines monetarios.
Se trata de unos setenta represores argentinos que ahora son reconocidos ante la Justicia.FUENTE:ALTERNATIVAS

VER BARBAROS:
LA HISTORIA NEGRA DE L'OREÁL

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PABLO MILANES HABLÓ CLARITO
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DESAPARECIDOS (R.BLADES)
Y LA JUSTICIA
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EL BUQUE DE LA MUERTE


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BARBAROS:EL BUQUE DE LA MUERTE

EL BUQUE DE LA MUERTE ESTÁ EN MONTEVIDEO Y NADIE DICE NADA

Por Andrés Capelán


Que todo cambia no es ninguna novedad, y que no todo cambio es para bien, tampoco. Esta edición especial de nuestro boletín está destinada a recordar qué fue, y por tanto qué simboliza el buque escuela de la armada chilena, “Esmeralda”, amarrado en nuestro puerto ayer y hoy en ocasión de la regata “Velas Uruguay 2010”.
El buque escuela chileno “Esmeralda” fue uno de los peores centros de tortura y asesinato de la dictadura pinochetista, y como tal, hasta hace poco tiempo era recibido con actos de repudio en cada puerto que tocaba. Que la armada chilena se siga negando a terminar con ese problema cambiándolo por otro es signo claro del orgullo que siguen sintiendo los mandos militares chilenos de hoy por lo que hicieron los de aquél entonces. Que ya nadie diga ni pio ante la llegada de tan ominosa visita, es signo claro del decaecimiento de los movimientos de defensa de los derechos humanos.
Todos han bajado la guardia. Todos hemos bajado la guardia. Recién el lunes me dí cuenta de que el buque escuela chileno que estaba atracado en la dársena era el Esmeralda. Miré sus grandes banderas chilenas al viento y un escalofrío recorrió mi espalda recordando el terremoto. Pero no éste de ahora, sino el de 1973, el que duró hasta 1990 y todavía sigue teniendo réplicas. Como el Esmeralda.

 
LA HISTORIA DEL BUQUE DE LA MUERTE
En la provincia de Valparaíso la Armada empleó como lugares de reclusión, interrogatorio y/o tortura los Buques "Lebu", "Maipo" y el Buque Escuela "Esmeralda", estos tres en el puerto de Valparaíso; la Base Aeronaval "El Belloto"; la Academia de Guerra Naval y especialmente una de sus dependencias, el "Cuartel Silva Palma".   Según los antecedentes aportados por la Comisión contra la Tortura de la Quinta Región señalan que por la Esmeralda deambularon alrededor de 500 detenidos políticos, 1000 por el Buque Maipo y 4000 por el Buque Lebu, barco cedido por la compañía Sudamericana de Vapores. Los mismos informes sostienen que por el Estadio de Valparaíso pasaron cerca de 3000 mil personas, por la Academia de Guerra y el Cuartel Silva Palma, 4000, todos los cuales fueron torturados y muchos de ellos, asesinados.
 Inmediatamente después del 11 de septiembre de 1973, el Buque Escuela "Esmeralda" fue utilizado por la Armada de Chile como centro de detención y tortura en el puerto de Valparaíso, según ha sido fehacientemente demostrado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (Informe 24/OCT/74), Amnistía Internacional (Informe AMR 22/32/80), el Senado Norteamericano (Resolución 361-16/JUN/86) y el Informe de la Comisión Nacional (Chilena) de Verdad y Reconciliación (Tercera Parte, Capítulo I, Sección 2 f.2.). Los testimonios de que la "Esmeralda" fue efectivamente usado como cámara de tortura flotante son múltiples y coincidentes. Entre ellos destacan los del abogado chileno Luis Vega, actualmente residente en Israel; el ex-funcionario del Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario, Claudio Correa, actualmente residente en Inglaterra; y el profesor universitario y ex-alcalde de Valparaíso, Sergio Vuscovic, actualmente residente en Chile.
 Según el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Informe Rettig), en el caso del Buque Escuela "Esmeralda", las investigaciones practicadas por esta Comisión permitieron comprobar que una unidad especializada de la Armada se instaló en su interior con el objeto de interrogar a los detenidos que se encontraban en la misma nave y a los que eran traídos de otros recintos de reclusión de la Armada. Esos interrogatorios, por regla general, incluían torturas y malos tratos." La "especialización" de la mencionada unidad no necesita mayores explicaciones.
 Aunque el número de detenidos a bordo del Buque "Esmeralda" varía según los testimonios pues se los trasladaba de un barco a otro a medida que iban siendo interrogados. El Senado Norteamericano (1986) indica que llegó a haber 112 de ellos. Según la evidencia disponible, en un momento hubo unas 40 mujeres detenidas, las cuales fueron sometidas a todo tipo de maltratos, torturas, vejaciones y violaciones. Entre los detenidos cabe destacar la presencia del sacerdote católico chileno-británico, Miguel R. Woodward, quien falleció a consecuencia de las torturas cuando el 22 de septiembre de 1973 se le llevó al Hospital Naval de Valparaíso por indicación de un médico de la misma Armada. Aunque la Iglesia Católica reclamó su cuerpo, nunca le fue entregado y se lo sepultó en una fosa común sobre la cual posteriormente se construyó un camino.
El caso del Padre Woodward está debidamente acreditado en las investigaciones del juez Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional de España, Sumario 19/97-J, incoado en contra de Augusto Pinochet y otros por los delitos de genocidio y terrorismo internacional desarrollados a través de múltiples asesinatos, conspiraciones para el asesinato, secuestro, torturas y desapariciones (Auto de fecha 03/NOV/98, Antecedente Décimo). La detención del Padre Woodward a bordo del "Esmeralda" fue informada por primera vez en septiembre de 1973 por el periódico "La Estrella" de Valparaíso, cuando toda la prensa y demás medios de comunicación, incluido "La Estrella", se encontraban bajo estricto control y censura militar.
Las investigaciones hechas por sus familiares y las cortes demuestran que: "tras pasar por el buque Lebu,  el padre Woodward fue llevado a La Esmeralda, en ese entonces comandada por el Capitán de Navío (r) Jorge Sabugo Silva. En el barco, fue golpeado incesantemente hasta reventar sus órganos. Cuando estaba moribundo a causa de las torturas, el médico a bordo llamó al capitán Carlos Fanta, entonces comandante del crucero Latorre y máxima autoridad naval de la zona, ya que el Almirante José Toribio Merino se encontraba en Santiago. Le dijo que 'había un cura que estaba muy mal, que tenía una hora de vida'. El Capitán Fanta envió a La Esmeralda a su médico, Doctor Kenneth Gleiser, actualmente contralmirante encargado de servicios sanitarios de la Armada.
Según el libro Sangre sobre La Esmeralda, Gleiser revisó a Woodward a bordo de La Esmeralda, aunque otras versiones, incluyendo el Informe Rettig, afirman que fue bajado al molo de abrigo del puerto. Fue llevado al Hospital Naval, falleciendo en el trayecto. El 25 de septiembre, fue sepultado por la propia Armada en una fosa común del Cementerio de Playa Ancha. Tras su muerte, se le envió a la familia del sacerdote el certificado de defunción, donde se anotaba la causa de muerte como paro cardíaco. 'Con eso nos conformamos', recuerda Patricia Bennets, hermana del sacerdote. 'Pero en 1975, vimos un artículo en un periódico inglés que hablaba de un sacerdote británico muerto por torturas en Chile, y ahí nos enteramos de la tortura. Eso fue mucho más horroroso que la noticia de su muerte, porque en tres años, no habíamos tenido idea de cómo había muerto realmente'.
Ciertamente la "Esmeralda" no sólo es el barco de la muerte y la tortura según ha sido acreditado ampliamente, sino que también ha pasado a ser el símbolo de las acciones criminales más siniestras que se hayan implementado nunca en los países hermanos del cono sur latinoamericano. Digan lo que digan las cúpulas del contorsionismo político chileno, su visita anual a distintos puertos del mundo continuará siendo un baldón para Chile mientras los miembros de la Armada de Chile no superen su cobardía moral, reconozcan el uso criminal que se hizo del buque y pidan perdón por las víctimas martirizadas a bordo. 
MIÉRCOLES 3 DE MARZO DE 2010 - COMCOSUR / MONTEVIDEO
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4) EL TESTIMONIO DE UNA DE LAS VÍCTIMAS
Testimonio de Luis Vega  (MIS PRISIONES: Experiencia personal en La Esmeralda, Isla Dawson, Melinka, Ritoque, Tres Alamos y Policía Internaciona;  LA CAIDA DE ALLENDE: anatomia de un golpe de ESTADO, fue enviado por su hija Raquel).
......Las torturas de mis hijas y mías sólo sirven como testimonio, y están insertas en el sufrimiento de todo el pueblo de Chile. Empiezan para mí a las 20.20 horas del 11.9.73 cuando, los mismos comandantes con quienes había trabajado hasta la noche anterior, al mando de una fuerza armada de sesenta hombres, fueron a detenerme al edificio de la Caja de la Defensa Nacional, donde estaba mi domicilio. Todo fue simple. Allanaron mi casa y me llevaron detenido. Más tarde, la armada, para impedir mi expulsión del país, informaría que "metralleta en mano" resistí a "las fuerzas aprehensoras". Esa versión de los hechos fue comunicada a la embajada israelí que se preocupaba por averiguar mi paradero, y a todos aquellos que indagaban por mí.
En la camioneta estaba ya Leopoldo Zúljevic, funcionario aduanero de carrera jubilado como superintendente de aduana. Y la caravana fue a detener al diputado Sepúlveda y al regidor por Valparaíso, Maximiliano Marholz. En las calles desiertas sólo se escuchaban gritos y disparos de marineros y soldados. Era una ciudad en estado de guerra. Pero las armas, estaban sólo en manos del ejército de ocupación. Los "enemigos" estábamos inermes. La caravana llegó al molo de abrigo de Valparaíso, donde estaba atracada la "Dama Blanca" el buque-escuela "La Esmeralda", transformado ahora en prisión y cámara de torturas.
Había empezado para nosotros la Operación Vela, en cuyos marcos rodaríamos de prisión en prisión bajo el yugo de crueles torturadores.
Después de la absurda ceremonia, a la que antes me he referido, en que fuimos entregados como "prisioneros de guerra", se nos informó que el país estaba en "estado de guerra". El molo estaba cubierto por miles de hombres y mujeres arrodillados con los brazos en alto, o hacinados como maderos unos sobre otros, o de bruces en el suelo, manos en la nuca, también los había afirmado en las paredes con los pies separados y sostenidos en la punta de los dedos. Y todo esto entre luches y sombras, con la luz de gas de mercurio. Todo parecía fantasmal. Irreal.
Un tipo vestido de mezclilla, con zapatillas de básquetbol, alto, rubio, ojos azules, tipo ario, me cogió del brazo, me llevó hasta la borda y me dijo:"¿Te acordai de mí, huevón? Párate aquí y no mires a ninguna parte". Era imposible no ver el espectáculo dantesco que habia abajo en el Molo. De pronto recibo un atroz golpe de trompetilla en el cuello, y la culata del AK en los riñones. No pude reaccionar, ni hablar, ni moverme, ni respirar. Y el sujeto me miró a los ojos y repitió: "Huevón, ¿te acordai de mí ahora?". Y me acordé. Dos veces lo había procesado. Y la última a raíz de un allanamiento en la casa de seguridad de Patria y Libertad en calle Montealegre del Cerro Alegre, donde fue detenido junto a Luis Gubler, un contacto de A DOS con este grupo. El nazi del AK, y otros, a puntapiés y culatazos nos condujeron hasta el "Camarote de Señores Guardiamarinas". A un lado de la puerta, un letrero con humor negro decía: "Reservado exclusivamente para señores socios". Los "socios" éramos los "prisioneros de guerra". De un puntapié me arrojaron abajo. Y un individuo me colocó, al caer de bruces, un pie en los riñones y la trompetilla del AK en la nuca. Y otros me desnudaron a viva fuerza en medio de gritos y ruidos espantosos.
El espectáculo era infernal. Las ampolletas rojas. Los torturadores vestidos con trajes de entrenamiento y máscaras negras. Me amarraron las manos a la espalda y cada uno de los diez dedos. A golpes me condujeron a las duchas, a las cuales les habían sacado la parte de la salida del agua, y caía un chorro tremendo de agua de mar a presión. Parecía una cave existencialista. Me arrancaron a viva fuerza una cadena gruesa de oro que tenía en el cuello y llevaba soldada. Hasta hoy tengo las señales que me dejaron al arrancármela. El chorro de agua partía el cráneo, y el agua entraba por los ojos, nariz, boca y oídos. Y uno sentía que se ahogaba, que reventaba, que ensordecía. Nos sacaron y nos arrojaron de bruces al suelo donde procedieron a patearnos y golpearnos a los seis hombres y una dama que ahí estábamos. Toda esa noche permanecimos tirados en el suelo, golpeados y cada cinco minutos llevados al agua. Durante unas 72 horas estuvimos sin dormir, comiendo como perros, con las manos atadas y en escudillas que colocaban en el suelo. Nos torturaron ilimitadamente y nos hicieron absurdos cargos en general: que en nuestras casas había oro, dólares, drogas, alimentos, armas; que dirigíamos grupos guerrilleros, que éramos instructores que habíamos estudiado técnicas guerrilleras en el extranjero. Esa noche había solamente una mujer. La habían detenido por haber recogido un volante del suelo en una reunión de mujeres, en solidaridad con las esposas, madres e hijas de los marineros detenidos, que se había celebrado en la Asociación de Obreros Portuarios. Ella afirmaba no haber estado. Lloraba por su hijo y su marido; y nosotros, nada podíamos hacer por ella. El día 12 éramos ya 42 hombres y 72 mujeres, hacinados. Esa misma noche del 12 un oficial ordenó poner una lona que separara el recinto de hombres del de mujeres.
El trato dado a las compañeras era infamante. Les manoseaban los pechos, glúteos, muslos; las metían bajo el agua y gritaban histéricos: "Todas las huevonas alegan estar con la regla...". Durante diez días escuché las protestas valientes, los gritos desgarradores, y los lamentos de hombres y mujeres torturados. Vi la violencia y el odio desatados. Estaban convencidos que nosotros los íbamos a asesinar a ellos en un auto-golpe del gobierno. Vi a mujeres e hijas de amigos ser torturadas. Y durante días me reconfortó la presencia siempre serena, digna y femenina de Lucía Kirberg.
Traté de resistir todo. Sentía -al igual que todos los que ahí estábamos- que tenía una tremenda responsabilidad y que no podía ser débil. En parte sentía que era responsable por haber permitido esa locura colectiva de terror y sadismo; por haber sido tan discreto y no haber denunciado a los torturadores cuando me informaron. Me aterraba pensar que nuestras vidas estaban en manos de un loco sádico a quien llamamos el "pájaro torturador". Era un psicópata que se quedaba 48 horas continuas de guardia para torturarnos.
En la madrugada del 13 me llevaron vendado y desnudo al castillo de proa, a la cámara de oficiales. Me sacaron la venda y me prestaron una manta. Había nueve oficiales de los servicios combinados de inteligencia, más un sujeto bajo, cabezón, rubio, macizo y con unas manos descomunales. De sus preguntas deduje que él estaba a cargo de la policía política. El trato de estos oficiales, debo decirlo, fue absolutamente correcto y profesional. Tenían todo el material de mi oficina. Me pidieron aclaración sobre diligencias en los sumarios. No había problema. Se trataba de procesos contra nazis. El tipo rubio y bajo trató de sacarme información sobre el paradero del estudiante cubano que el 11.7.73 había desaparecido y el presidente me encargó ubicarlo. En el motel de Reñaca, donde vivía, sólo encontramos cartas personales y la pesquisa no dio resultado positivo alguno; así informé al presidente. El sujeto rubio también quería que declarara que estaba en el cerro Los Placeres con unos "sacerdotes guerrilleros". Después me leyó una larga nómina de personas, entre las cuales estaban mis hijos, pidiéndome que le diera sus paraderos. Me acusó de ser miembro de un comité regional secreto del partido Comunista. Todo eso era ajeno a los expedientes y copias de telex sobre los cuales me pedían información. De repente este sujeto dijo: "Éste los está engañando, no les dirá nada. Déjenmelo diez minutos y lo hago cantar". Estaba equivocado: lo que él quería saber yo no lo sabía; y lo que yo sabía, no me lo preguntó. Y se retiró de la sala.
A la salida, después de un largo rato, me volvieron a vendar y amarrar. Me pusieron contra una pared de acero, y un individuo me dijo: "Concha de tu madre, éstos son los últimos momentos de tu vida". Y después se alejó y gritó órdenes de fusilamiento. Cuando dijo "apunten", vi, en una pantalla en amarillo y negro, toda clase de imágenes de mi vida. Me vi niño, con mis padres. Me vi con mi mujer, con mis hijos; ellos niños, y yo joven; y otras escenas fugaces, sin pensamiento hablado. Sólo pensamientos e imágenes. Estos "simulacros de fusilamiento" eran un aporte de los brasileños a las técnicas de tortura.
A la noche siguiente, uno de los guardias me dijo: "Levántate que vamos donde los inspectores". Me pusieron los pantalones, me vendaron y ataron las manos. Y encima una toalla. Entré en una sala grande, porque anduve diez pasos. Una voz dijo a los guardias que se retiraran. Antes, el individuo que habló me desamarró y ordenó que me esposaran a un poste de acero; me ató los pies. Me dijo: "Sé que eres karateca, que fuiste milico y que eres jefe del GAP de la provincia. Vamos a ver en qué condiciones estás...". Y sin más me golpeó el estómago, me pateó los pies desnudos, los muslos, y me hizo "pinzas" en el vientre y antebrazos. No me quejé. Era el tipo rubio de civil de la noche anterior. Él debe haber recordado que yo miré sus manos. Le dije: "Una mano golpea igual que otra mano, y todas golpean igual". Y empezó el interrogatorio. El primer tema: debía informarle las relaciones comunistas y/o socialistas de varios almirantes y capitanes de navío que me nombró; y de oficiales de ejército y carabineros. En especial de los almirantes Daniel Arellano y Raúl Montero. Le expresé que todas las relaciones habían sido dentro de funciones profesionales, administrativas, y que jamás había existido ninguna clase de relación política con ninguno de ellos. Indignado porque no sabía un asunto relacionado con el almirante Arellano, me dijo: "Luchito, me estás mintiendo; te aplicaré corriente". ¿Cómo me aplicará corriente él sólo?. Lo hizo con un aparato muy primitivo que no sabía usar. Me rompió la boca por dentro, y me produjo dos tres descargas. De pronto me dijo:"Yo sospecho que tu eres un 'soplón' del Viejo. Para mí no hay otra explicación que estés aquí. Tu eras un regalón. Nada pudimos en contra tuya, el Viejo siempre te defendió, habló bien de ti. Y hacías lo que tú querías con él. Así es que tendrás cuidado en lo que informes, si es que sales de aquí". (Se refería al almirante Merino).
Al volver de esta sesión me golpearon, me metieron al chorro de agua. Estaba tratando de relajarme cuando llegó otro guardia: "Levántate que subimos donde el fiscal". (En Chile legalmente habían tres fiscales navales, uno en cada una de las tres zonas navales: Punta Arenas, Talcahuano y Valparaíso. El 11.9.73 se designaron quince fiscales más) Vuelta a vestirme, vendarme, ponerme una toalla y un saco encima de las vendas. Ya arriba me hicieron sentarme en una silla. Me amarraron los pies y me aplicaron "el teléfono" para que no conociera la voz del fiscal. Éste hizo que me colocaran un casco de seguridad en la cabeza, y me preguntó:"¿Sabe, colega, qué es esto? Es un casco como el que usaba el 'compañero' presidente, que no le sirvió de nada cuando nuestros soldados liberaron La Moneda". Después hizo que me colocaran una especie de chaleco burdo, de fuerte lona, y con grandes bolsillos. Me dijo: "¿Sabe lo que es esto?" Le respondí que no lo sabía. Replicó: "¿Cómo no va a conocerlo cuando Ud. ordenó confeccionar cincuenta que serían usados por los 'kamikazes' de su GAP que se mezclarían entre las tropas cuando se retiraran el 18 del elipse de Playa Ancha?". Le dije que nada de eso era verdad. "Es inútil que mienta; antes de morir su jefe Daniel Vergara en La Moneda, encontramos en su caja de fondo el Plan Zeta del gobierno, llamado Plan Djakarta para Valparaíso, y en él figura Ud. como el jefe a cargo de un GAP de 900 hombres que le entregaron los comunistas y socialistas. Ud. dispuso de 900 metralletas, parake y de 400 kilos de amón gelatina". Lo interrumpí diciéndole que jamás había oído hablar de un Plan Djakarta, excepto el de Indonesia, donde los militares masacraron a 300 mil comunistas. Debe haber hecho una señal, porque me dieron un golpe brutal en el casco hundiéndomelo hasta los ojos. Y me golpearon en la espalda, hombros, piernas y brazos. "Miente, el Plan Zeta estaba dirigido por el Ministerio del Interior, y el día de la parada militar, a través del país, los abogados del Ministerio en cada cabecera de provincia, haría asesinar a la oficialidad y a las tropas. Aquí, mientras Uds. le daban una recepción en el Salón Rojo del Palacio de la Intendencia al almirantazgo y a los altos oficiales de toda la guarnición. Ud. saldría afuera y desde la puerta dispararía y masacraría a los oficiales; en las calles, los 'kamikazes' con los chalecos que Ud. ordenó confeccionar, se mezclarían con las tropas, harían estallar la dinamita, y sus hombres los asesinarían con las metralletas". Le contesté que él no sabía lo que decía; me estaba dando una capacidad de fuego superior a la que tenía la armada y el ejército en la ciudad de Valparaíso. Conociéndome como me conocía, debía saber que de haber tenido yo esos hombres y armamentos, en ese momento no estaríamos ahí y el enfrentamiento habría sido diferente. Hizo que me golpearan nuevamente. Y agregó:"Firme esta declaración; los documentos de Daniel Vergara y el recibo por armas, municiones y dólares lo incriminan". Le respondí: "No firmaré nada, no existen tales recibos, ni Daniel Vergara me ha entregado metralletas ni dólares, ni he firmado recibo alguno. Y esto es una locura que en ningún tribunal se aceptaría como prueba". Hizo una seña. Me soltaron los pies amarrados, me quitaron el casco y el chaleco, y me golpearon salvajemente, tirándome amarrado al suelo, dándome de puntapiés. Ordenó que me llevaran "abajo". Me sacaron a rastras, y vuelta al "Camarote de los Señores Guardiamarinas", y a desnudarme, y a un largo rato bajo el agua fría y a presión. Al sacarme, ya sin vendas, un sargento me dijo:"Tú conoces el oficio. Párate en la espalda de tu amigo y ayúdalo". No entendía de qué hablaba. Miré al suelo, y ahí estaba desnudo y medio inconsciente, con la espalda sangrando y cubierto de gran cantidad de sal de mar que un esbirro aplastaba en su carne viva con la culata del automático, el ingeniero Walter Pinto, director de la ENAMI. Me obligaron a subirme a sus espaldas y, con los pies, aplastar la sal. Pinto me dijo en la Isla que entendía que había sido forzado, y que, por lo demás, mis pies le causaron menos dolor que el fusil. Pasaron largas horas de golpes y gritos. Y otra vez frente al fiscal. "¿Por qué no firma y se evita todo lo que le está sucediendo?". Le contesté: "Ya pasé la edad de la inocencia. Puede hacerme matar, pero no voy a firmar nada". Y entonces, cambió de táctica. me hizo una proposición que ya me habían hecho horas o días antes ahí mismo:"Por qué no colabora con nosotros? ¿Por qué no se une a la acción patriótica de las fuerzas armadas? Puede ser designado fiscal..." Me habían dicho que tendría un poder tan grande "como jamás te lo has soñado". Me negué; expresé que era abogado, hombre de principios, fiel a derecho y a la justicia, y que jamás podría mirar de frente ni a los míos ni a nadie si hacía algo así. Y que, por lo demás, el asunto no me interesaba, no era ese mi lugar ni mi destino. Después me habló de las actividades de otros abogados, hombres y mujeres de la UP. Expresé que nada sabía de ellos, y que debido al exceso de trabajo, extrañamente no habíamos alternado durante todo nuestro gobierno.
Debí ir y venir a diversos inspectores, por diversas y absurdas cosas. ¿Dónde vivía fulano? ¿Dónde estaba escondido Emilio Contardo? ¿Quién era Hernán Concha y por qué fue nombrado intendente? El 17 me llamó nuevamente el mismo fiscal. Me dijo: "Debe firmar, tengo copia de la declaración de Daniel Vergara, y de otros abogados del Ministerio a través del país, en las que confiesan que el Ministerio del Interior dirigía el Plan Zeta. Y Ud. organizó aquí todo el trabajo de seguridad y el GAP". Expresé que el trabajo de seguridad lo había organizado el almirante Merino (me refiero al del gobierno de la UP) con el jefe del A DOS y los únicos contactos que tuve con el llamado GAP fue como acompañante del almirante, que planificaba las medidas de seguridad. Me agregó: "No es así. Y tengo un testigo que fue su lugarteniente y Ud. lo contrató para seguridad". El testigo era un muchacho un tanto retardado mental que había sido recadero en la intendencia; yo le había conseguido trabajo como aprendiz en una fábrica de guantes "de seguridad industrial" de un amigo mío. El fiscal le preguntó al muchacho qué había de verdad en esto y éste contestó que todo era efectivo. El fiscal exclamó:"Con este huevón por testigo no llegaré a ninguna parte..." Y lo hizo salir. "Tenemos los documentos de Daniel Vergara y ellos prueban que Uds. organizaron desde el Ministerio del Interior un ejército paralelo, que daría muerte a los altos mandos y a los mandos medios de las fuerzas armadas, y que lograron infiltrar a muchos oficiales". Lo curioso es que nadie me hablaba de los informes que yo le había enviado a Daniel Vergara, y que estaban en su caja de fondos, y que comprobaban que eran los mandos altos y medios los que complotaban en contra del gobierno. ¿Había descoordinación entre la armada y el ejército? De todas maneras, desde el momento en que el nazi me golpeó decidí no declarar nada, no saber nada, no recordar nada. Bloquearme por completo. Y de ahí nadie me sacaría. No puedo aceptar la tortura. No puede haber diálogo ni entendimiento alguno con esos sub-hombres. Nadie puede destruirle a un hombre decidido su auto-respeto. Y yo los despreciaba a ellos. Y los desprecio. Sentía rabia, odio, y estos sentimientos primaban por sobre el temor o el dolor. Insistí en que nada firmaría. Y me devolvieron al camarote.
El día 14.9.73, al finalizar la tarde, los torturadores enmascarados del camarote, me dijeron: "Vamos a ser buenos. Sabemos que no pueden andar porque están acalambrados". Ordenaron que Sergio Vuskovic y yo nos levantáramos. Nos ayudaron, como cuando íbamos a torturas. Nos afirmaron a unos barrotes y empezamos a hacer lentamente flexiones. En ese momento empezó en algunos lugares de la ciudad un intenso tiroteo. Uno de los torturadores salió a averiguar. A los pocos minutos regresó gritando:"Los comunistas están asaltando el Molo para rescatar a estos huevones". Otro nos dijo a Sergio y a mí: "Si los comunistas llegan a la puerta verde (la primera entrada), a Uds. dos los fusilamos al momento, primero que nada". Lo extraño está en que el tiroteo era en toda la ciudad. Al día siguiente aparecieron 256 cadáveres de obreros en el camino a Santiago "llevados por los comunistas".
El sábado 15.9.73, después del mediodía, nos llevaron al Barco mercante Lebu. Estaba lleno de detenidos; alcancé a ver al senador demócrata cristiano Benjamín Prado en cubierta, con unos oficiales; les indicaba quiénes eran de su partido y habían sido detenidos erróneamente. Era el comienzo del Golpe. Y la DC lo apoyaba decididamente. Nos llevaron a una bodega con orines y excrementos; a la hora, llegó una nueva orden cancelando la anterior. Se trataba de "un error" y nos volvieron a La Esmeralda. Nuevamente el nazi rubio me vio, me golpeó y me hizo poner junto a mis compañeros de infortunio, en las piras humanas, colocando otros prisioneros encima nuestro. Una dolorosa experiencia. No hay nada más doloroso, asfixiante, desesperante que esta tortura. Un oficial nos buscó e increpó al nazi: "No es éste el destino de ellos. ¿Quieres que se fuguen o que los vean?". Regresamos al camarote; el Pájaro Torturador nos dijo: "Mal agradecidos, ingratos, después de tantos cuidados se fueron sin decirme adiós". En la noche, un encapuchado me sacó. Me llevó al baño y me dijo: "Un abogado habló, lloró pidió colaborar. Me besó los pies. Y lo llevaron arriba. Dijo que el hombre de confianza de Allende era Ud., y que los intendentes eran solamente decorativos, que nada sabían ni ninguna influencia tenían en el asunto de seguridad. No estoy de acuerdo con Uds., pero Ud. ha estado bien, y, yo no acepto mariconadas". Para romper el equilibrio, me dio dos bofetadas, y me dijo: "Sé que no contará esto, pero le haré una paleteada". Al día siguiente me obligó a golpear al secretario-abogado. El día 16 me llevaron delante de otro fiscal. Y ahí me di cuenta de que la información era cierta: el otro abogado había hablado. Me imputó el aparato de seguridad para la visita de Fidel Castro, el operativo de seguridad del 21.5.72. Me preguntó algunos nombres de socialistas y comunistas de un supuesto "aparato de seguridad" y de reuniones que yo habría tenido con ellos. Me mantuve en que nada sabía y que todo el aparato de seguridad era de carabineros y la armada. Que jamás había oído nombrar a esas personas. Me agregó que yo tenía contactos con gente de la armada. Le dije que sí, y cuando iba a dar el nombre de la persona del A DOS, una voz, perentoriamente me ordenó: "Sr. Vega, no lo nombre, nosotros conocemos ese asunto". Al salir me arrojaron al suelo a puntapiés, y nuevamente me hicieron el simulacro de fusilamiento. No me causó ninguna impresión. No es heroicidad. Es algo extraño; he conversado con psiquiatras interesados en esta extraña experiencia.
El día 18 nos permitieron hacer unas flexiones y pretendieron que contara chistes o cantara. Les expresé que yo estaba en calidad de "prisionero de guerra" y no de bufón o cantor. Y no canté. Después hubo una situación jocosa. El 15, después que me permitieran, o me ordenaran golpearlo, dejaron libre al secretario-abogado. No lo juzgo; había sido más de 22 años funcionario de la armada. Había sido operado de la vesícula; todas las noches a las 20 horas llegaba un paramédico de delantal blanco y un gran vaso de agua. Cumplía la orden: "20 horas, Camarote de Guardiamarinas. Purgante abogado". Ese día, a las 20 horas, llegó preguntando por el abogado; y los guardias me señalaron. El tipo me encajó todos los brebajes. Pensé que era un "tratamiento psicológico" a base de drogas para hacerme hablar. Me dije que con ninguna droga hablaría porque no me preguntan lo que sé. Y no puedo confesar mentiras o lo que no he hecho. No corría ningún riesgo. El tipo me dio tres cucharadas. A la medianoche me di cuenta de que no era la "droga de la verdad", sino un poderoso purgante. Pedí permiso para "subir al jardín para la mayor", como se dice en la jerga marinera. Esto se repitió. El 18, el sargento Pájaro Torturador me dijo: "Luchito, tú no eres cobarde, pero ¿por qué cagai tanto?". Le respondí, "muy sencillo, seguiré así mientras me sigan encajando todas las tardes tres cucharadas de purgante". Hechas las averiguaciones se constató el error y me suspendieron las dosis del brebaje. Pero "las subidas al jardín" me habían servido. Iba con un guardia que apuntaba, pero era tan estrecho, que no podía él entrar al servicio mismo, y en el suelo había diarios del día, con noticias en contra nuestra, del gobierno y de la UP.
El 19 por la noche me llevaron al fiscal que me imputaba los hechos relacionados con la visita de Fidel Castro y los del 21.5.72. No lograron progresar y me devolvieron al camarote. Solamente me metieron bajo el chorro. Más tarde me llevaron nuevamente ante el inspector de las "manos grandes". Me amarró, me golpeó contra el poste de acero, e hizo que otros me pisaran los pies con sus botas. Y empezó a pedirme datos sobre el almirante Merino. Si era verdad que Merino deseó ser intendente, cómo se portaba en las reuniones del comité político de la UP, y respecto a los almirantes Montero, Arellano, Poblete y otros, como un coronel y algunos mayores de carabineros y el ejército. E insistió en vincular al almirante Montero con el partido comunista. De pronto me dijo: "¿Quién es Hernán Concha?, sabemos que fue auditor general del ejército y que es apolítico. ¿Por qué lo nombró Allende? Sabemos que trabajaba en el Ministerio de Defensa con la comandancia en jefe y que de ahí salió la recomendación. Pero no sabemos quién se lo recomendó a Allende". Le respondí que las mismas preguntas ya se me habían hecho. Y que, por lo demás, había sido un intendente parecido al abogado Carlos Soya; serio, responsable y respetuoso de la ley. No sé si estaba cansado, pero ordenó que me volvieran al camarote. Y vuelta a las acusaciones colectivas, cama por cama. Una serie de preguntas absurdas en ese mundo extraño y alucinante del Camarote de Señores Guardiamarinas. Vi torturar en público a Bartolo Vaccareza, dueño de un edificio en que funcionaba el periódico "El Popular", donde sostenían que habría funcionado una escuela de guerrillas comunistas. Vi quejarse al Dr. Gilberto Zamorano, a quien habían sacado de su cama del hospital. Vi vejar al neurocirujano Dr. Mario Contreras, presidente de la Asociación Internacional de Neurocirugía. Y entre las cosas absurdas de estos alienados, vi su enfermo orgullo nacionalista. Habían detenido a jóvenes peruanos, bolivianos, brasileños, argentinos, franceses, norteamericanos; a todos ellos, con sus propios cuchillos de comandos les cortaban espantosamente el pelo. Y los torturaban. Todos eran muchachos jóvenes, y en las torturas gritaban. Y se les despertó el patriotismo: "El chileno resiste más la tortura que el extranjero". Después de torturarlos a ellos, nos torturaban a nosotros. Los golpes eran iguales, pero nosotros éramos hombres ya mayores y no nos quejábamos tanto. Soportábamos más. Y oficiales y marineros decían: "¿Ven? Hasta estas mierdas traidoras de la Unidad Popular son más valientes que Uds.". El 18, el Pájaro Torturador se puso un guante de béisbol. Dijo:"Les voy a pegar igual, pero con este guante no les dolerá tanto y habrá más ruido. Estamos en Fiestas Patrias...".
El 20 de septiembre, como a las 0.30 horas me llevaron al castillo de proa. El inspector de las "manos grandes" me dijo: "Acabo de hacer cagar de dolor a un amigo tuyo... Ahora te toca a ti". Y agregó:"No sentís el olor a mierda que hay aquí?" Le dije que con los trapos que tenía en la cabeza, la falta de sueño y el nerviosismo no sentía nada. "Putas que tenís suerte, huevón -me dijo- yo ya vomito". Y siguió diciéndome: "Me has mentido todo el tiempo, has negado saber lo que te preguntan, y te has pasado por el forro de las huevas a todos. Pero ahora hablarás. Voy a empezar con mi golpe de 'martillo' en tus hombros. Y me los golpeó con la mano empuñada desde arriba hacia abajo; creí que me habían sacado los brazos. Y me dijo, "aquí está tu declaración como jefe del GAP. O la firmas o aquí te quedai". Le dije que me permitiera una pregunta. "Aquí estás para contestar, no para preguntar. Pero pregúntame". Y le dije: "¿Cree Ud. que si yo hubiera tenido 900 hombres armados estaría aquí desnudo y amarrado?". Me dijo: "Buena pregunta". Y agregó:"A lo mejor te habrías arrancado por tu cuenta...". Me dijo que sabía que habían armas. Le expresé que no, que ellos habían allanado y nada habían encontrado. Y que no detenían a los señores que tenían fusiles con miras telescópicas alegando que eran "cazadores", "sportman". Me dijo: "Firma que eras jefe del GAP. Lo eras ¿para qué te creas problemas? Veremos si ahora con la corriente bien aplicada sigues tan gallo". Hizo que me dieran un golpe de corriente en el pecho. Me doblé en el poste de acero y me azoté la cabeza.
En ese momento entró un oficial y dijo: "Alto, no me toques a Luchito, él tiene otro destino". Responderá, pero no aquí. Me lo llevo". El inspector le dijo que yo tenía que terminar un asunto con él. La respuesta fue: "Si va a hablar, que lo haga voluntariamente. Que me diga por qué los milicos pusieron a Hernán Concha para crearnos problemas, dónde está Guastavino, dónde está Emilio Contardo, que estuvo con él hasta el 10 a las 18 horas; quiénes son los otros dirigentes secretos del PC aquí, y dónde está la lista de los del GAP, y dónde está escondido el cubano". Le dije que yo estaba fuera del PC muchos años, que era secretario general del Instituto Chileno-Chino. Me interrumpió: "Ese instituto tuyo era del PC. El de los chinos está en calle Pedro Montt, en los altos del teatro Imperio. Y tú fuiste a China como espía soviético. Bien, habla". A los 10 minutos me dijo: "¿Sabís que más, Luchito? Me tenís más enredado que un plato de tallarines. Lárgate". Me llevaron al camarote. A los 10 minutos, a siete de nosotros, en silencio, nos hicieron afeitarnos, lavarnos, vestirnos correctamente. Y de "La Esmeralda" nos pasaron a un bus lleno de infantes de marina armados. Nos hicieron sentarnos separados, y fuimos advertidos que, a la primera palabra, gesto o movimiento, nos dispararían. Fuimos hacia el centro de la ciudad. Pasé cerca de mi casa, a la cual ya nunca volvería. Atravesamos una ciudad en guerra, nos dirigimos por Avenida España a Viña del Mar. Al llegar al final de la Avenida Libertad pensé que íbamos a la Escuela de Telecomunicaciones, y pensé que allí sería reconocido; y todo terminaría para mí. No, seguimos hacia Quintero. Y en una playa fuimos alumbrados con focos de camiones militares. Pensé que seríamos asesinados allí y arrojados al mar nuestros cadáveres. Y también me equivoqué. En la Base Aérea de Quintero nos entregaron a un comandante que nos dio su nombre y grado, y nos presentamos. Nos dijo que tenía órdenes selladas de enviarnos en avión a un lugar determinado. Si nosotros le dábamos nuestra palabra de no hacer nada en contra del avión, nos daría facilidades. Lo hicimos, como era lógico, y tuvimos un viaje sin tensiones; aún cuando no sabíamos adónde íbamos. Suponíamos que éramos relegado a la ciudad de Punta Arenas. Pese a todo, aún éramos muy ingenuos.
Criminales y Cómplices:
Comandante Jorge Sabugo Silva, Oficial Jaime Román Figueroa (a cargo del Buque); capitán Carlos Fanta; Teniente Rodríguez (Infantería de Marina); Teniente Luna (Infantería de Marina); Sergio Arce (abogado), Kenneth Gleiser (Medico)
Fuentes de Información: Informe Rettig; Libro: “Sangre sobre la Esmeralda”;  "Testimonios de Tortura en Chile";  “Mis Prisiones”; “La Caída de Allende”; Diario: La Nación; Piensachile.cl; PrimeraLinea.cl; zonaimapacto.cl; Archivo Memoriaviva
Fuente: COMCOSUR
 
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